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La casa en la plazuela Ballivian y temas afines

La memoria se describe como la capacidad o poder mental que permite retener y recordar, mediante procesos asociativos inconscientes, sensaciones, impresiones, ideas y conceptos previamente experimentados, así como toda la información que se haya aprendido conscientemente.

La memoria es talvez lo unico realmente personal y puro que uno mantiene de por vida, naturalmente antes de que te coja la chochera y te vuelvas c'konana. Personal porque no necesitas de permisos ajenos ni boletos de entrada para acceder a ella y re-actuar la tragi-comedia o drama de tu vida, solo cierras los ojos y recorres virtualmente los telones del pasado atravezando sonidos y luces para encaramarte en la tarima de tus teatros y desandar el camino ya andado. Puro porque lo que paso !paso! y nadie ni tu mismo puedes alterar ni por un pelo el paso del tiempo a no ser que quieras revisar el curso de la historia, pero como diria Silvio Rodriguez eso es asunto de los politicos no de los hombres.

Afortunadamente, nuestras memorias persisten el paso del tiempo mientras claro esta, no nos visite el señor Alzheimer, es por esto, que lo mas preciado que uno posee es esta cualidad mental que viaja igual, tan o mas rapidamente que la luz, que desborda fronteras tanto organicas como geograficas para rescatar de los reconditos parajes del olvido momentos que de otra manera serian lamentablemente perdidos. Pero hay que apurarse pues la memoria es transitoria e ingrata porque solo vive en nosotros cada vez que queremos revisitar viñetas del pasado o que queremos volver a vivir aunque solo unos segundos momentos ya expirados y guardados en el desvan de los recuerdos.

Hay memorias buenas, benignas y memorias malas o indeseables y a veces detestables , hay memorias comicas, graciosas y memorias immemoriables. A continuacion algunas de ellas.

Los recuerdos de nuestra casa en la plazuela Ballivian son memorias buenas, inocentes, calidas y humanas porque en ella aprendimos, luchamos, lloramos y sobretodo sobrevivimos. Incontables momentos son testigos de las diabluras cometidas por nosotros los niños que sin saber limpiarnos aun las velas ya escribiamos lineas imperecederas en los corazones de nuestros hermanos y regalabamos gratuitos dolores de cabeza a nuestros mayores.

Es por esto (y antes que me olvide), que quiero garabatear unos monosilabos o parrafos incompletos o simplemente amontonar letras para rescatar de las greñas del olvido parte de mi infancia en la otrora majestuosa hoy cholescamente modificada casa de la plazuela Ballivian.

Nuestra casa fue una grande y amarilla anclada justo en la interseccion de las calles Nogales y La Paz, colindante por un lado con las tawataweras de las Chilacas y por el otro con los bicicleteros de los Campos, no me acuerdo del numero pero eso no importa porque los numeros son solo eso.

Tenia un porton grande de noble madera y cerraduras de hierro forjado. El zaguan era un pasillo abovedado que conducia al patio central y al resto de la casa. A la derecha se ubicaba la famosa cocina flanqueada por dos patillas de adobe. En este cuarto oscuro y largo dormian los ocacionales huespedes -con sus cargas de habas de Quivincha y aguayos multicolores- disputando espacios con los gallos y gallinas que desconocedores de su suerte no sabian que el arribar a la cocina significaba que sus dias estaban contados y que mas temprano que tarde terminarian como alimento picante de algun paisano.

Esta "cocina" tenia una ventanita que daba al patiecito de la cocina de las Marias, el cual tenia un batan ovalado con sus respectivos moroc'kos circulares de piedra de rio abajo, testigos mudos de suculentos unguentos y deliciosas llajguas fabricadas en sus infraestructuras petreas.

Mas adelante estaban las cuatro gradas que conducian por la derecha e izquierda al segundo piso. En el ala derecha estaban los aposentos del tio Enrique y cia., quien dormia ahi cada vez que llegaba de Puna a cobrar su sueldo de ex-combatiente y unos pasos mas adelante estaba "el alto".

El alto era un cuarto oscuro y lugubre con el tumbado casi al ras del suelo y con goteras intermitentes en los tiempos de lluvia, este estaba dividido en dos, una mitad ocupaban los almatrostes de la abuela, utensilios inservibles, balanzas oxidadas y petacas llenas de palqui y pasas de uva blanca y la otra mitad era el espacio habitable, el que sin orden pre-establecido servia de dormitorio, cocina, living-comedor y mas que nada de fabrica de guirnaldas para Ramos y de talegitos de azucar para alacitas.

A pesar de eso, el alto era un cuarto relativamente espacioso y tenia una combinacion rara de puerta/ventana que daba al balcon. El balcon tenia una vista panoramica de la Plazuela Ballivian desde el cual se podia ver las mimicas corporales de las c'kateras para vender sus alvarillos y oir sus baritonos gritos al ofrecer sus refrescos de mocko-chinchi. Con una mirada audaz se podia divisar los costillares colgantes y las moscas volando en la carniceria de la Hastaluego, sin mucho esfuerzo se podia ver a las tres de la tarde a los yoc'kallas con sus manos ckarkas jugando "mesitas con cais" en el empredrado paralelo a la tienda del Bodeguero David (inquilino del mono Lagrava) o jugando trompos en la esquina de la Porco mas abajito del taller de los zapateros "los Peruchos". Tambien, y por cierto con envidia y de reojo se podia abservar como otros afortunados se asomaban a la tienda del Jacobo a rentar viejas bicicletas marca Raleigh por quinientos el cuarto de hora.

En la planta baja (a la izquierda, entrando de frente por el zaguan) estaban el cuarto en el cual vivimos muchos años. Este cuarto tiene su propia historia que es como sigue.

Una tarde de enero, soleada pero fria el triumvirato impetuoso de las amazonas de la familia (la abuela, la tia Pepa y la mama) alboratadas, inauditas y armadas con alicates rompieron candados y desafiando constituciones leguleyas irrumpieron en ella, para sentar soberania y levantar bandera en los 50 metros cuadrados de espacio vital.

Este fue un hecho historico y necesario para nuestra tribu la cual crecia y nuestras urgencias expansionistas asi lo exigian de tal modo que fue en ese cuarto donde nuestras memorias se entrelazan formando el tejido unido e irrompible de nuestra tela familiar.

Adiacente al "cuarto" estaba la entrada al zotano, el mismo que conducia a la tienda esquinera. El zotano era habitado por don Gregorio, un ilustre allegado que vivio largo tiempo y muchos años despues segun dicen, este medieval pasaje sirvio de cobertura clandestina a una celula del partido comunista de Bolivia.

A la derecha estaban las propiedades de los Davalos, en realidad eran dos cuartos conectados por una puertita debil con cortinitas de seda. El dormitorio del Lucho, Gustavo y la tia Maria (la Jesusa por aquella epoca era ya residente de La Paz) y la famosa sala. La sala era el lugar que servia de recepcion general cuando personas importantes y copetudas visitaban la casa. La sala tenia unos muebles viejos y una alfombra persa desgastada por las pisadas del tiempo pero que atestiguaban buen gusto y mejores dias. De la paredes empapeladas colgaban intaglios descoloridos de artistas anonimos y una vitrola rota adornaba el dintel de la esquina.

A unos pasos se hallaban los territorios de la tia Cloti y el temible Gorena, estos receptaculos eran casi simetricos a los de la tia Maria pero tenian un olor a gato mas fuerte que un pedo reprimido.

Torciendo a la derecha y unos pasitos se hallaban en estricto orden el C'kasa cuarto, el pozo, y el cuarto con el techo semiderrumbado. En el c'kasa cuarto vivia el eterno inquilino don Sacaco y su hijo el Atanasio, el otro cuarto era vacio, humedo y tenebroso al que estaba totalmente prohibido penetrar pues tenia un gran candado sin llave que colgaba de la aldaba, en el medio de estos se encontraba el pozo, una vertiente de agua cuajada y misteriosas leyendas al que se recurria de vez en cuando para lavar ropa y tomar agua en casos de sequia.

Todavia doblando a la derecha estaba la puerta que conducia al canchon y las cavernas oscuras y desabitadas de en medio, cerquita de ahi estaba el unico "servicio" o baño de la casa, es que en tiempos coloniales el diseño de espacios abiertos y muchos baños no eran parte de el curriculum del arquitecto.

En el medio del gran patio enlozetado se erguia el ommipresente y orgulloso pilon, era de piedra labrada y tenia unas boquillas de bronce añejo que escupian aguas en chorros semiangulares.

En este pilon, de niños sabiamos atrapar microbios y otras especies acuaticas que vivian encaramadas en los laterales verduscos de sus piedras porosas y en los dias de carnavales niños ajenos al lugar solian llenar globos de agua para "tirar" a las comparsas de jovenes o a las pandillas de sirvientas y cholos de tic'kaloma.

El pilon, segun cuentos de las tias fue el centro donde una noche de cuarto menguante doña Encarna vio nueve duendes que salieron del pozo en fila india y se pusieron a danzar a su alrededor hasta el amanecer sera por eso quiza que ya al atardecer ni de chiste nos asomabamos al lugar.

Con respecto a la flora o la fauna de la casona no hay mucho que contar solo cabe rescatar que este poseia un arbol de pino ubicado exactamente a 75° NE y las ocacionales macetas con plantitas de orejas de mono y cebaditas en latitas de picadillo para adornar los pesebres. Hubieron eso si perros y gatos pero los mas famosos fueron Happy de las Maria y Lazy de nosotros (que por cierto fue una hembra coqueta y puta que tuvo cachorros por docenas).

Solo si las paredes hablaran.....
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