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Sembanza Juan Rulfo

Juan Rulfo (1917-1986)

Este gran escritor y fotógrafo mexicano, cuyo verdadero nombre era Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno, nació en Sayula, Estado de Jalisco, el 16 de mayo de 1917, en una familia acomodada, que perdió todo durante la Revolución. Jalisco era un Estado aislado, mísero, fanático y violento.

La adopción del apellido Rulfo fue debido a una petición de la abuela María Rulfo, pues en su familia fueron 7 hermanas y un solo varón que murió soltero y sin descendencia. Para evitar que se perdiera el apellido pidió a sus nietos que adoptaran el Rulfo.

Su niñez se vio afectada por las luchas religiosas de su país, la "guerra de los cristeros", que fue particularmente violenta en el estado de Jalisco, lo que le llevó a decir: "Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica". Este mundo en el que se crió durante su infancia le formó como un niño retraído al que le gustaba jugar solo.

Desde muy joven pierde a su padre, asesinado de un disparo en la nuca, y luego a su madre, por lo que fue recluido en un orfanato de Guadalajara. También varios tíos suyos murieron en circunstancias trágicas.

Por eso, el elemento fundamental en sus relatos rulfianos será la muerte. Pocas veces se refiere a ella directamente, pero su sombra figura en cada enunciado. La muerte es el ambiente en el que los personajes viven (¿o mueren?) su historia.

En la muerte, los personajes de Rulfo encuentran la prolongación de la vida: viven en la muerte y el lector participa activamente en mantenerlos “vivos” siquiera mientras dura la lectura.

La desolación, el dolor, su estrecho vínculo con la soledad, marcarán su vida y, por lo tanto, su obra. Guardó siempre un carácter triste, sensible, retraído, romántico y observador al mismo tiempo.

Rulfo llega por primera vez a la capital en el año de 1935. Si bien pretende continuar sus estudios, lo cual le fue imposible ya que éstos no le son revalidados.

En realidad, "la idea de la ciudad" nunca es de su agrado, ni lo ve como objetivo, se instala en ella buscando una forma de vida.

Más tarde confirmará, durante una entrevista, "que la ciudad no le dice gran cosa". Él escribirá sobre los pueblos y las comunidades campesinas mexicanas, mantenidas en la marginalidad y el olvido.

Instalado en la ciudad de México, su familia lo incitó a estudiar la carrera de leyes, pero al fallar en los exámenes se dedicó a trabajar. Como agente viajero descubre una veta de experiencias en los pueblos, la que será fundamental en su obra literaria. Sus viajes por diversas zonas de México le permitieron entrar en contacto con etnias apartadas que aún resguardaban sus tradiciones.

Llevaba vivía una vida muy bohemia. Se pasaba las noches tomando café y se dormía bien entrada la madrugada. Leía vorazmente a los clásicos, a Goethe, Cervantes, Tolstoi, etc., y al tiempo escuchaba música clásica. Le gustaba practicar alpinismo y caminar incansablemente. Pero dejó las excursiones después de sufrir un accidente al volcarse un camión en el que iba con un grupo de montañeros.

Trabajó también en la Secretaría de Gobernación, en la oficina de migración y, tras casarse, en la fábrica de neumáticos Goodrich Euzkadi. Es en esta etapa -durante los años cuarenta- cuando intenta escribir su primera novela con temática urbana, El hijo del desaliento, que destruye inmediatamente por considerarla "una novela autobiográfica llena de divagaciones personales, sin ningún interés literario".

Se volvió conocido sobre todo como escritor y colaboró en las principales publicaciones del país. En México D.F., tomó cargo del departamento editorial del Instituto Nacional Indigenista.

En 1945 publica los cuentos "Nos han dado la Tierra" y "Macario" en la revista Pan, de Guadalajara, dirigida por Antonio Alatorre y Juan Rulfo.

Al año siguiente se establece en México y publica su cuento "Macario" en la revista América y en la misma, en febrero de 1948 "La cuesta de las Comadres," en enero, 1950 "Talpa" en diciembre, 1950 "El llano en llamas" y en agosto, 1951 "¡Díles que no me maten!"

En 1954 El Llano en Llamas se publica en la colección "Letras Mexicanas" de Fondo de Cultura Económica.

En 1955 aparece Pedro Páramo en la colección "Letras Mexicanas," con una tirada de 2.000 ejemplares y se efectúa la primera reimpresión de El Llano en Llamas. Fue motivo de polémicas en torno al regionalismo, versus cosmopolitismo de México. De esta gran obra dijo Jorge Luis Borges: "Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de toda la literatura".

La Antología de cuentos mexicanos 1954 reproduce "Un cuento".

Se estrena el cortometraje "Talpa" de Alfredo B. Cravenna, basado en el cuento de Rulfo de igual título.

Publica el cuento "El día del derrumbre".

En 1956 se establece en Ciudad Alemán, Veracruz, trabajando como promotor de la Comisión Papaloapan, que se ocupa del sistema de riego en dicha zona verucrazana.

Emilio "Indio" Fernández le solicita guiones para cine. Rulfo trabaja en alguno de ellos e invita a Juan José Arreola a colaborar.

En 1961 es nombrado el asesor literario del Centro Mexicano de Escritores, junto con Arreola.

En 1962 deja de trabajar para televicentro y viaja a Alemania un país que le entusiasmaba.

En 1963 se edita el disco de larga duración con textos leidos por el propio autor en la colección Voz viva de México.

En 1967 se filma la película Pedro Páramo.

En 1970 El llano en llamas es reimpreso pero con importantes modificaciones: desaparece Paso del Norte y se incluyen otras dos, El día del derrrumbe y La herencia de Matilde Arcángel.

Rulfo fue un incansable viajero, participó en varios Congresos y encuentros internacionales, y obtuvo Premios como el Premio Nacional de Literatura en México en 1970 y en 1983 recibe en España el Premio Príncipe de Asturias.

El 8 de enero de 1986 muere en México.

Rulfo ha marcado la historia de las letras mexicanas. Su obra resiste el paso del tiempo y no deja de asombrar. Mantiene la necesidad interminable de interpretación y renovación de su lectura.

Su obra muestra la vida del México rural con su atraso, sus miserias con una mezcla de mitos, obsesiones y fantasmas del caciquismo mexicano.

Es uno de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX, que pertenecieron al movimiento literario denominado "realismo mágico", y en sus obras se presenta una combinación de realidad y fantasía, cuya acción se desarrolla en escenarios y personajes que reflejan el tipismo del lugar, con sus grandes problemáticas socio-culturales entretejidas con el mundo fantástico.

El autor se ha mostrado siempre muy reacio a explicar su obra.

Pero lo que, en última instancia, le preocupa a Rulfo es la exploración de algo intrínsecamente mexicano; pero también cabe sugerir que en su obra lo mexicano funciona como una metáfora de la condición del hombre en general.

Un importante grupo de críticos abogan por una interpretación basada esencialmente sobre lo mexicano. Según ellos, la magia de Rulfo radica en haber logrado atrapar la esencia de México, sus tiempos múltiples, los murmullos del pasado que persisten en el presente.

En sus obras, el mexicano se muestra amigo a veces respetuoso, a veces irreverente de la muerte. Con y para ella vive, de ella huye, y al mismo tiempo le llama. Juan Rulfo magistralmente plasma esta ambivalente relación, y es por ello que se considera que su única novela Pedro Páramo es una de las obras cumbres de la literatura universal.

En cambio, algunos críticos que hacen hincapié inequívocamente en la angustia existencial del hombre moderno como lo medular de la obra de Rulfo.

La devastación humana y geográfica la encontramos en el primer plano de sus obras: en el horroroso pueblo de Luvina, en el cuento El llano en llamas, y en el pueblo de Comala, de Pedro Páramo. Pero por debajo de estos cuadros desolados de esterilidad y miseria se esconden las preguntas implícitas en las palabras de Rulfo. ¿Cómo se explica esa desolación? ¿Es algo humano? ¿Es un castigo divino? De ahí la otra faceta de su obra; lo que Rulfo indica cuando se refiere a su obra como "una transposición de los hechos de mi conciencia".

La violencia, la muerte, la degradación humana, la culpa, el fatalismo, una sexualidad casi animaI, éstos son sus temas recurrentes. Sirviéndose de ellos y de una gran habilidad para estructurar sus cuentos en torno a ciertos motivos cíclicos, Rulfo analiza varios aspectos, principalmente negativos, de la vida rural mexicana.

En sus cuentos la vida es un caminar fatigoso, un triste pasado que elimina el futuro, un esfuerzo inútil, un andar a tientas entre las tinieblas.

Reconocido mundialmente por su obra literaria, su trabajo fotográfico ha sido menos conocido pese a algunas publicaciones ya existentes.

Juan Rulfo dejó también un legado fotográfico de aproximadamente seis mil negativos, este material se encuentra en proceso de clasificación, por ello algunas fotografías no cuentan aún con una ldentificación definitiva.

Algunos de los escritores que me gustan

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Eduardo Galeano

El miedo al socialismo sirve para socializar el miedo. A la hora de la verdad, el miedo impidió que se moviera hacia la izquierda la mano de los votantes indecisos que decidieron la elección. Pero a pesar del miedo, y contra el miedo, la fuerza alternativa ha pasado, en cinco años, del 30 al 44 por ciento de los votos. No está nada mal, al fin y al cabo: era el club Progreso contra los dos grandes a la vez, Nacional y Peñarol jugando juntos. Y bien se puede decir que el espectacular crecimiento de la izquierda implica un cambio radical en un país que parecía condenado a nostalgia perpetua, por siempre petrificado en la repetición y en la resignación. Una amplia base social, formada sobre todo por los jóvenes y por los muy jóvenes, está haciendo posible el entusiasmo, esa linda palabrita que significa, según su raíz griega, "tener a los dioses adentro". El panorama está dejando de ser un panodrama, como quería el entrañable Peloduro, que no vivió para verlo.

En alegría, el Frente ganó por goleada. Hasta los perros y los caballos andaban embanderados, por las calles, el domingo de la elección. En votos, el Frente perdió: la derecha embarró la cancha, jugó sucio, desató una campaña del miedo destinada a demonizar a la izquierda y a desconfiar de lo nuevo, que más vale mal conocido. La izquierda apostó por el juego defensivo; y una vez más se comprobó que en la política, como en el fútbol, como en la vida, el juego defensivo, que renuncia a la audacia en función del resultado, no resulta.

La publicidad, ya se sabe, obra milagros. Tocados por su varita mágica, los venenos se convierten en alimentos, y como tales se venden. A la inversa, la publicidad también es capaz de convertir en venenos a los alimentos, para que nadie los compre. El bombardeo de la propaganda se propuso asustar, chillidos de espanto ante la brujería alborotada, y hasta cierto punto lo logró: lo logró para postergar, al menos por cinco años más, lo que ya parecía inevitable.

El impuesto a la renta, pongamos por caso, que se aplica en casi todo el mundo, resultó ser una invención marxista para despojar a los trabajadores y a los jubilados de lo poco o nada que tienen. En la realidad, no más que el 3 por ciento de los jubilados iba a pagar el tal impuesto; en la publicidad, lo iba a pagar la gran mayoría, dos de cada tres, y en el país entero se difundió el rumor de que hordas de tupamaros y comunistas iban a recorrer casa por casa, destripando colchones en busca del dinero escondido.

Y otras alarmas resonaron, cuando ya parecía que la mayoría del electorado se había hartado de desayunar promesas y almorzar mentiras. El Uruguay no iba a pagar su deuda externa, los norteamericanos se iban a enojar y nos iban a castigar con el bloqueo y el hambre, como en Cuba, y habría golpe de Estado, y volverían los tiempos de la violencia y de la dictadura militar. Y la fuga de capitales: no iba a quedar, en el país, ni un solo peso partido por la mitad. Fuga de qué capitales, nunca se aclaró. ¿Los capitales productivos? Los uruguayos tenemos menos trabajo que el barbero de Fidel, y aquí sólo prospera la industria del discurso político, la exportación de trabajadores a los países extranjeros, las lavanderías de dinero sucio y los fastuosos shopping centers, donde se entona el himno patrio las muy raras veces en que se vende algún producto nacional.

Los dos grandes partidos tradicionales se unieron contra el enemigo común, el Partido Colorado y el Partido Blanco en una fuerza única que podría llamarse Partido Coloranco, y juraron que harán mañana todo lo que no hacen hoy, ni han hecho ayer, ocupados como han estado, y siguen estando, en el ordeñamiento de la vaca, desde los lejanos tiempos en que Dios creó el cielo, la tierra y el Uruguay.

La vaca pública en manos privadas: por decisión de un plebiscito popular, las empresas públicas siguen perteneciendo al Estado, pero la gran pregunta es: ¿a quién pertenece el Estado? El monopolio político de la vaca, que ha reducido los derechos ciudadanos a favores del poder, acaba de sufrir, en estas elecciones, la más grave amenaza de toda su historia. Entonces se puso en evidencia un fenómeno muy interesante para los hombres de ciencia: el síndrome de la pérdida de la vaca, que no había sido estudiado por don Segismundo Freud ni por sus numerosos seguidores. Así se denomina el conjunto de síntomas que revela el trauma sufrido por los dueños de la vaca, que la siguen ordeñando hasta la última gota de su leche, ante el inminente peligro de liberación de este mamífero rumiante.

El síndrome de la pérdida de la vaca se manifiesta a través de una crisis de pánico. El pánico empieza atacando a los dueños del cuadrúpedo, pero rápidamente se proyecta sobre la colectividad. Los expertos publicitarios actúan como agentes de contagio de esta peste del miedo, que se propaga, la prueba está, con la rapidez necesaria para decidir una elección. La historia universal enseña que los dueños de la vaca tienen la habilidad y la costumbre de trasladar a los demás todo, menos la vaca: sobre la sociedad entera descargan sus deudas, sus bancarrotas, sus crisis, y también sus pánicos.

El Partido Coloranco, que llama Acuerdo Programático a su derecho de seguir ordeñando a cuatro manos al extenuado animal, puso el grito en el cielo: si la izquierda ganaba, el Uruguay iba a quedar en manos de unos forajidos que roban a los pobres, violan a las ancianas huérfanas y revuelven el brasero con el piecito del bebé. Hubo gente que lo oyó, lo creyó y decidió.

La vaca tendrá que pasarse, todavía, otros cinco años atada.

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El derecho al delirio


Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuando nació.

El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera.

Una invitación al vuelo


Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.

La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:

el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;

en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;

la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;

en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;

los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;

los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;

los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;

los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;

la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;

la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;

nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;

el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;

los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;

los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;

la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;

la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;

la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;

una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;

en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;

la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;

la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;

serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;

los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;

seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;

la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.
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Obra de Mario Vargas Llosa

Obra de Mario Vargas Llosa

El paraíso en la otra esquina. Alfaguara. 2003
El siglo XIX, el de las desigualdades sociales y la revolución industrial y el de las primeras vanguardias artísticas, es el telón de fondo de la última novela de Mario Vargas Llosa.

La obra gira en torno a dos personajes: la feminista Flora Tristán, que pone todos sus esfuerzos en la lucha por los derechos de la mujer y de los obreros, y su nieto, el pintor Paul Gauguin, el hombre que descubre su pasión por la pintura y abandona su existencia burguesa para viajar a Tahití en busca de un mundo sin contaminar por las convenciones.

Dos visiones, dos concepciones del sexo -la de Flora, que sólo ve en él un instrumento de dominio masculino y la de Gauguin, que lo considera una fuerza imprescindible puesta al servicio de su creatividad- y dos modelos vitales opuestos con un nexo común: el de alcanzar un paraíso donde sea posible la felicidad para los seres humanos. Dos historias que, según el autor, "aunque nunca se tocan, terminan por confundirse”.

Regreso a las utopías. Por Tomás Eloy Martínez. La Nación, 30 de marzo de 2003.





La fiesta del Chivo. Alfaguara. 2000
Novela sobre el gobierno autocrático del dictador Trujillo en la República Dominicana y los excesos que engendra el poder y la corrupción dentro de la sociedad. Es una de las más grandes novelas sobre dictadores latinoamericanos, como El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias o El Otoño del Patriarca, de Gabriel García Márquez.

La Fiesta del Chivo. Historia vs Novela. Leopoldo de Trazegnies Granda
La fiesta del Chivo. Capítulo XIX
El imperio del miedo. Por Sol Alameda. Vargas Llosa habla de su nueva novela, "La fiesta del chivo". 09.03.2000
La maldición de El Chivo. Los descendientes de Leónidas Trujillo, el dictador recreado en la última novela de Vargas Llosa, arrastran el estigma del personaje más odiado de la República Dominicana. JUAN JESÚS AZNÁREZ , Santo Domingo. El País 30.04.2000
Presentación en la República Dominicana de la Fiesta del Chivo. Juan Jesús Aznárez. Enviado especial a Santo Domingo.
Entre chivos y demonios. Entrevista por Edmundo Paz Soldan.
Mario Vargas Llosa indaga en la mente de los dictadores latinoamericanos: "Escribiendo sobre Trujillo he escrito sobre todos los dictadores". Por Sanjuana Martínez.
No estamos vacunados contra la peste del autoritarismo. El Mundo 07.03.2000.
'La fiesta del Chivo' aviva un debate sobre el poder entre Vargas Llosa y Felipe González. El escritor y el político charlan sobre literatura y política en el primer aniversario de la novela.
Una visión de la dictadura a través de Mario Vargas Llosa. Por Isabel Herrera, en Aldea Educativa.
La mejor novela latinoamericana del siglo XX. Por Carlos Alberto Montaner.







Los cuadernos de don Rigoberto. Alfaguara 1997.
"Los cuadernos de don Rigoberto" es el verdadero elogio del erotismo. Un arte de amar en sus formas más variadas y profundas, en sus niveles estéticos.

El sueño de Pluto. Fragmento de Los Cuadernos de Don Rigoberto
Los Cuadernos de Don Rigoberto. Aguilar, Taurus, Alfaguara de Argentina
Una novela, cuatro miradas. Arnoldo Rivera Jiménez, Redactor de La Nación
La defensa del placer. Comentario, por Arturo Azuela (19.09.97)





Lituma en los Andes. Planeta, 1993.
En un campamento minero de las montañas del Perú, el cabo Lituma y su adjunto Tomás viven en un ambiente bárbaro y hostil, bajo la constante amenaza de los guerrilleros maoístas de Sendero Luminoso, y debatiéndose con misterios sin aclarar que les obsesionan, como ciertas desapariciones inexplicables; está también la historia íntima de estos personajes, sobre todo la de un antiguo amor de Tomás, que se va contando en forma de episodios intercalados como un contrapunto de recuerdos al drama colectivo.





Elogio de la madrastra. Tusquets, 1988.
Con la sabiduría del meticuloso observador que es y gracias a la seductora ceremonia del bien contar, Vargas Llosa nos induce sin paliativos a dejarnos prender en la red sutil de perversidad que, poco a poco, va enredando y ensombreciendo las extraordinarias armonía y felicidad que unen en la plena satisfacción de sus deseos a la sensual doña Lucrecia, la madrastra, a don Rigoberto, el padre, solitario practicante de rituales higiénicos y fantaseador amante de su amada esposa, y a inquietante Fonchito, el hijo, cuya angelical presencia y anhelante mirada parecen corromperlo todo. La reflexión múltiple sobre la felicidad, sus oscuras motivaciones y los paradójicos entresijos del poder putrefactor de la inocencia, que subyace en cada una de sus páginas, sostiene una narración que cumple con las exigencias del género sin por ello deslucir la rica filigrana poética de la escritura.

Reseña
Patricio Úbeda: El tema erótico como expresión de lo humano en Elogio de la madrastra de Mario Vargas Llosa.





El hablador. Seix Barral, 1987.
Novela escrita en 1987, ambientada en la selva peruana en la cual el protagonista, perteneciente a una comunidad selvática, es la memoria ancestral de su tribu machiguenga, donde los aspectos mágicos y misteriosos de la amazonía se entreteje con la realidad peruana. Es una obra que trata sobre los aspectos del sincretismo de una país con una gran diversidad étnica y cultural.





¿Quién mató a Palomino Molero? Seix Barral, 1986.
Bajo el ardiente sol piurano, cuelga de un árbol el cadáver cruelmente torturado de un joven avionero. El teniente Silva y el guardia Lituma emprenden la búsqueda del asesino. Con gran destreza, Mario Vargas Llosa crea una intensa novela policial cuyo atractivo no se agota en la solución del crimen. Aunque las pistas pronto apuntan en una dirección precisa, el interés en la obra, en vez de disminuir, se acrecienta. Y es que una particular tensión recorre la historia, creando una atmósfera irreal que deslumbra y atrapa al al lector. Como en un espejismo, los personajes irán emergiendo con vida propia de la mano del narrador.





Historia de Mayta. Seix Barral, 1984.
Novela ácida y quijotesca, versión lúcida, amarga y tragicómica de los maximalismos revolucionarios y la nostalgia de la epopeya.

En Historia de Mayta se cuenta la historia de Alejandro Mayta, militante de un grupo troskista peruano, en el año 1958, cuando el derrumbamiento del imperio colonial francés en Indochina proporcionaba esperanzas y motivos de controversias a los activistas de la clandestinidad. En el relato se narra la investigación de un escritor, fascinado por el carisma de Mayta, cuando ha transcurrido un cuarto de siglo desde que el revolucionario desapareciera.

La historia de Mayta: entre Lima la horrible y las cumbres de la revolución. Por Carlos L. Torres-Rodríguez. En Espéculo.





La guerra del fin del mundo. Plaza y Janés-Seix Barral, 1981.
Novela ambientada en los sertones brasileños que narra la Guerra de los Canudos, revolución dirigida por un fanático religioso contra el régimen autoritario que dio la espalda a la gran masa popular.

Gloria Ceide: La guerra del fin del mundo: Aproximación a su estructura y significado
Angélica Corvetto-Fernández: El espacio-tiempo carnavalesco en dos momentos de la narrativa latinoamericana (La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa y Hasta no verte Jesús mío, de Elena Poniatowska). En Espéculo.







La tía Julia y el escribidor. Seix Barral, 1977.
La noble pasión amorosa entre la tía Julia y el aprendiz de novelista, que la sociedad limeña de los años cincuenta trata por todos los medios de impedir, se combina en esta novela con las narraciones truculentas del folletinista de las ondas.






Pantaleón y las visitadoras. Seix Barral, 1973.
Pantaleón Pantoja, un capitán del ejército recientemente ascendido, recibe la misión de establecer un servicio de prostitución para las fuerzas armadas del Perú en el más absoluto secreto militar. Estricto cumplidor del deber que le ha sido asignado, Pantaleón se traslada a Iquitos, en plena selva, para llevar a cabo su cometido, pero se entrega a esta misión con tal obcecación que termina por poner en peligro el engranaje que él mismo ha puesto en movimiento.



Más información sobre el libro y la película





Conversación en La Catedral. Seix Barral, 1969.
En un decadente bar llamado La Catedral, se desenvuelve las conversaciones de dos personas que van hilando una historia cargada de pesimismo y frustración, durante el régimen militar donde imperó la corrupción y la crisis económica. Novela cargada de nihilismo y pesimismo.





La casa verde. Seix Barral, 1966
Novela sobre un emblemático prostíbulo llamado La Casa Verde, donde se mezcla las vidas de diversas personas alrededor de intrigas y confidencias. Ambientada en el desierto piurano y la selva. Aclamada obra del escritor con el cual consiguió el Premio Rómulo Gallegos, y donde utilizó innovadoras técnicas narrativas.





La ciudad y los perros. Seix Barral, 1963.
Novela sobre la vida militar de los jóvenes cadetes del Leoncio Prado, y su interacción en un medio hostil y violento donde se desenvuelve las historias de los personajes. Delinea una sutil crítica a las instituciones castrenses cuya formación educativa forma alumnos carentes de convicciones, preocupados por la supervivencia dentro del ambiente donde se desenvuelven. Con esta obra el escritor alcanzó el Premio Biblioteca Breve de 1963."

Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

El coronel no tiene quien le escriba. 1961.

El coronel no tiene quien le escriba fue escrita por Gabriel García Márquez durante su estancia en París, adonde había llegado como corresponsal de prensa y con la secreta intención de estudiar cine, a mediados de los años cincuenta. El cierre del periódico para el que trabajaba le sumió en la pobreza, mientras redactaba en tres versiones distintas esta excepcional novela, que luego fue rechazada por varios editores antes de su publicación. Tras el barroquismo faulkneriano de La hojarasca, esta segunda novela supone un paso hacia la ascesis, hacia la economía expresiva, y el estilo del escritor se hace más puro y transparente. Se trata también de una historia de injusticia y violencia: un viejo coronel retirado va al puerto todos los viernes a esperar la llegada de la carta oficial que responda a la justa reclamación de sus derechos por los servicios prestados a la patria. Pero la patria permanece muda...



Los funerales de la Mamá Grande. 1962.

Bajo el lema de estos funerales mitológicos, Gabriel García Márquez reunió en 1962 siete relatos y la novela corta que da título al presente volumen, en el que aparece ya en todo su esplendor el elemento mágico y telúrico que a partir de entonces definiría su obra, sin apartarla, por ello, de la realidad. Estamos en Macondo y su región una vez más, entre personajes y episodios reconocibles, pero ahora caen pájaros muertos sobre el poblado, rompiendo mosquiteros y alambradas, un cura ve al diablo o afirma haber encontrado al judío errante, y visitar la tumba de un ser querido supone un riesgo impredecible. Y hay que enterrar a la Mamá Grande, soberana absoluta de este mundo, que falleció en olor de santidad a los noventa y dos años, tras haber conservado la virginidad durante toda su vida, y a cuyos funerales acude el presidente de la República y hasta el Sumo Pontífice en su góndola papal, pero también guajiros, contrabandistas, arroceros, prostitutas, hechiceros y bananeros llegados para la ocasión…




Cien años de soledad. 1967

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo." Con estas palabras empieza una novela ya legendaria en los anales de la literatura universal, una de las aventuras literarias más fascinantes de nuestro siglo. Millones de ejemplares de Cien años de soledad leídos en todas las lenguas y el premio Nobel de Literatura coronando una obra que se había abierto paso «boca a boca» –como gusta decir el escritor– son la más palpable demostración de que la aventura fabulosa de la familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representaba al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero.



Relato de un náufrago. 1970.

Con este libro, Gabriel García Márquez se descubrió a sí mismo como un narrador. Sin embargo, la intención primera era la de escribir un reportaje sobre un hombre, Luis Alejandro Velasco, que estuvo diez días a la deriva en una balsa mecida por el mar Caribe. El futuro Premio Nobel de Literatura y entonces joven reportero que era García Márquez escuchó el relato de los hechos de boca de su protagonista, y lo transformó, tal vez sin pretenderlo, en un prodigioso ejercicio literario, una narración escueta y vigorosa donde late el pulso de un gran escritor. La publicación por entregas del reportaje en El Espectador de Bogotá supuso un alboroto político considerable –se revelaba la existencia de contrabando ilegal en un buque de la Armada colombiana, lo que costó la vida de siete marineros y el naufragio, más afortunado, de Velasco– y el exilio para su autor, que se vio abocado a una nueva vida.

Guía de lectura, con mapas, preguntas, un cuestionario, sonidos... Por Pilar Huguet, en Edu365.com.


Ojos de perro azul. 1974.

Estos relatos tempranos de quien posteriormente sería premio Nobel fueron escritos y publicados entre 1947 y 1955, aunque, como libro, Ojos de perro azul no aparecería hasta 1974, cuando ya el escritor había publicado otros dos libros de relatos y cuatro novelas, de las que la última, Cien años de soledad, le proporcionaría su primer gran éxito internacional. En este libro se incluye su primer cuento célebre, el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, escenario de sus obras posteriores. El personaje de Isabel reaparecerá en su primera novela, y el tema de la lluvia cayendo interminablemente, en su personal versión del diluvio universal, acabaría integrándose suave y flexiblemente en Cien años de soledad. Este relato, incluido en todas las antologías del cuento latinoamericano de nuestros días, fue la primera piedra de este gigantesco edificio, tan imaginario como real, que terminaría fundando el espacio literario más poderoso de las letras universales de nuestro tiempo: Macondo. La edición que tiene el lector entre sus manos incluye, además, tres nuevos cuentos: «Tubal-Caín forja una estrella», «De cómo Natanael hace una visita» y «Un hombre viene bajo la lluvia».


El otoño del patriarca. 1975.

Gabriel García Márquez ha declarado una y otra vez que El otoño del patriarca es la novela en la que más trabajo y esfuerzo invirtió. En efecto, García Márquez ha construido una maquinaria narrativa perfecta que desgrana una historia universal –la agonía y muerte de un dictador– en forma cíclica, experimental y real al mismo tiempo, en seis bloques narrativos sin diálogos, sin puntos y aparte, repitiendo una anécdota siempre igual y siempre distinta, acumulando hechos y descripciones deslumbrantes. Novela escrita en Barcelona, entre 1968 y 1975, El otoño del patriarca deja asomar en su trasfondo el acontecimiento más importante de la historia española de aquellos años –la muerte del general Franco–, aunque su contexto y estilo sean, como siempre en este escritor, el de la asombrosa realidad latinoamericana que García Márquez ha elevado una vez más a la dignidad del mito.

Crónica de una muerte anunciada. 1981.

Acaso sea Crónica de una muerte anunciada la obra más «realista» de Gabriel García Márquez, pues se basa en un hecho histórico acontecido en la tierra natal del escritor. Cuando empieza la novela, ya se sabe que los hermanos Vicario van a matar a Santiago Nasar –de hecho ya le han matado– para vengar el honor ultrajado de su hermana Ángela, pero el relato termina precisamente en el momento en el que Santiago Nasar muere. El tiempo cíclico, tan utilizado por García Márquez en sus obras, reaparece aquí minuciosamente descompuesto en cada uno de sus momentos, reconstruido prolija y exactamente por el narrador, que va dando cuenta de lo que sucedió mucho tiempo atrás, que avanza y retrocede en su relato y hasta llega mucho tiempo después para contar el destino de los supervivientes. La acción es, a un tiempo, colectiva y personal, clara y ambigua, y atrapa al lector desde un principio, a pesar de que conoce el desenlace de la trama. La dialéctica entre mito y realidad se ve potenciada aquí, una vez más, por una prosa tan cargada de fascinación que la eleva hasta las fronteras de la leyenda.

El amor en los tiempos de cólera. 1985.

La historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza, en el escenario de un pueblecito portuario del Caribe y a lo largo de más de sesenta años, podría parecer un melodrama de amantes contrariados que al final vencen por la gracia del tiempo y la fuerza de sus propios sentimientos, ya que García Márquez se complace en utilizar los más clásicos recursos de los folletines tradicionales. Pero este tiempo –por una vez sucesivo, y no circular–, este escenario y estos personajes son como una mezcla tropical de plantas y arcillas que la mano del maestro modela y fantasea a su placer, para al final ir a desembocar en los territorios del mito y la leyenda. Los zumos, olores y sabores del trópico alimentan una prosa alucinatoria que en esta ocasión llega al puerto oscilante del final feliz.

El general en su laberinto. 1989.

El diez de diciembre de 1830, siete días antes de su muerte, tras dictar sus últimas voluntades y rechazar las indicaciones de su médico personal para recibir de buen grado los sacramentos, Bolívar exclama:"¿Qué es esto?... ¿Estaré tan malo para que se me hable de testamento y de confesarme?... !Cómo saldré yo de este laberinto!. El episodio define el alcance del acercamiento mítico, histórico y humano de Gabriel García Márquez a la figura de Simón Bolívar a través del lenguaje de la ficción.

Aclamado por el pueblo como Libertador, blanco de numerosas conjuras políticas y militares, héroe romántico y hasta libertino para sus detractores y sus partidarios, idealista íntegro y abandonado que contempla las ruinas de su sueño de unidad de los pueblos americanos, tras la independencia del dominio español, Bolívar emprende -- enfermo, con un menguado séquito -- el que será su viaje final. Parte desde Bogotá para seguir el curso del río Magdalena. Su viaje será el último en un doble sentido: la marcha le proporciona oportunidades para considerar los pasos que ha dado su agitada vida y al tiempo, la gravedad de sus dolencias apresura en pocos meses su encuentro con la muerte.

El Libertador desvela su drama sin eludir el asedio de los espectros, la presencia de quienes cruzaron los territorios de su utopía, ni las ofensivas amorosas que forjaron su sensibilidad y se desarrollaban en paralelo con las campañas militares y las empresas independentistas que hubo de afrontar a lo largo de su vida. Acosado por sus recuerdos y fantasmas, es un hombre solo el que se enfrenta a su mayor empeño: vencer al personaje que, en sus propias palabras, ha dejado de existir.



Doce cuentos peregrinos. 1992.

«El esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje. Lo demás es el placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse, y si uno no se queda corrigiendo el libro por el resto de la vida es porque el mismo rigor de fierro que hace falta para empezarlo se impone para terminarlo. El cuento, en cambio, no tiene principio ni fin: fragua o no fragua. Y si no fragua, la experiencia propia y la ajena enseñan que en la mayoría de las veces es más saludable empezarlo de nuevo por otro camino, o tirarlo a la basura.» Este volumen recoge los cuentos que, afortunadamente para los lectores de García Márquez, no terminaron en la papelera, precedidos por un prólogo en el que se da razón de por qué son doce, por qué son cuentos y por qué son peregrinos."

Leyenda del Manchay puytu

Leyenda del Manchay puytu
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Manchay puytu - Cantarillo del miedo
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¿Uj k'ata kusisniy kajta
Mayqen jallp'a mullp'uykapun?
Saqerqani qhallallajta,
¿Sajra wayrachu apakapun?
Purisqán pallani,
Llanthunta mask'ani
¿Kikin pay llanthuykuwanchu,
Waqayniypaj ayphullanchu?
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¿Qué tierra cruel ha sepultado
A aquella que era mi única ventura?
Lozana la dejé como una flor.
¿Algún viento maligno tal vez se la ha llevado?
Voy siguiendo su rastro,
Voy buscando su sombra.
¿Es ella quien me da su sombra en el camino
O es sólo el velo de mis lágrimas?
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Mosqochakús much'aykuni,
¡T'ukuni chay, rimaykuwan!
¡Muspani ichás, pay rikuni!
K'anchasqaj phawaykamuwan.
¿Wañuchikuymanchu?
¿Phiñakuwanmanchu?
Wañuchikuspa qayllayman,
Astawanchus karunchayman.
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La voy soñando y la beso en mi sueño.
En mi congoja, ella acude y me habla.
En mis horas de turbación la veo:
En un vuelo de luz baja hasta mí.
¿Fuera mejor que me matara?
¿Quizá mi muerte la ofendiera?
Con la muerte podría aproximarme a ella;
Pero tal vez me alejaría más.
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P'anpasqannijta jasp'ini,
Waqaspa paran paranta;
Unuyanchus jallp'a nini
Masq'arqonaypaj uranta.
Ñoqan mayllapipis
Jallp'aj sonqonpipis,
Ñoqalla munakusqayki,
¡Sapállay wayllukusqayki!
.
Voy arañando la tumba en que duerme,
Mientras cae mi llanto como lluvia sin fin;
Creo que así se ha de ablandar la tierra
Para buscar después en el fondo a mi amada.
Dondequiera que sea,
Así en el seno de la tierra,
Mujer, yo solo he de adorarte
Y nadie, sino yo, te ha de mimar.
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Aswan q'oñi samayniywan
Phukuykús kutirichisaj,
Ojllaykusaj, much'ayniywan
Alliymán rijch'arichisaj.
Mana chayri, jamuy,
Muyuj wayra, usqamuy;
Laqheyayniyki upiykuwachun,
Ukhunpi chinkachiwachun.
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Con el calor más tierno de mi aliento
Conseguiré devolverle la vida.
La abrazaré, la besaré, y mis besos
Despertándola irán suavemente.
Mas, si así no ha de ser,
Ven, no tardes, ciclón,
Que tus hondas tinieblas me devoren
Y en ellas para siempre desaparezca mi vida.
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Wasayniywan joq'ochasqa,
Khuyaj jallp'a, qhataykuwayku;
Karqaykumin ujllachasqa,
Ujllañapuni kasqayku.
Ñoqa tuta qani,
Ch'intamin munani,
Llakiy kani, yuyayniyta
Munani chinkarichiyta.
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Tú, tierra humedecida con mis lágrimas,
Tú, tierra generosa, albérganos.
Una sola unidad formamos en el mundo;
Quiero que así quedemos para la eternidad.
Yo soy la noche misma.
Busco la soledad.
Yo soy la propia carne de la angustia
Y quiero huir aún de mi pensamiento.
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Tullullantapis sik'isaj
Ojllayniypi kakunanpaj;
Qenamamin tukuchisaj
Waqayniywan waqananpaj.
Janaj pachamanta,
Lliphipej chaymanta,
¿Paymin sina wajyawasqan?
¡Manan!... ¡Qenallay waqasqan!
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Más, no. Le arrancaré siquiera un hueso
Y lo tendré en mi seno tal si fuera ella misma.
Se convertirá en quena entre mis manos
Y llorará mis propias lágrimas;
Desde la eternidad,
Desde el origen de la luz,
Es ella tal vez quién me está llamando
¡No!... ¡Es tan sólo el lamento de mi quena!
(Autor desconocido. Traducido y adaptado por Jesús Lara; citado en La tradición en Cochabamba, antología de Héctor Cossio Salinas, Editorial “los Amigos del libro”, Cochabamba, 1969, auspicios de la Universidad mayor de San Simón y la h. municipalidad de Cochabamba).
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